Diario 7: los días en un pequeño pueblo costero

Llegamos a Prachuap Khiri Khan tras casi una semana en Koh Tao con ganas de disfrutar de playas sin cuestas y creíamos que un pueblecito junto al mar sería perfecto. Habíamos decidido ir desde Chumphon hasta nuestro nuevo destino en Van, en la que sería nuestra primera experiencia con ese transporte, que resultó genial.

Al parecer es un destino común entre los tailandeses y podemos entenderlo, porque aún guarda el encanto de la tailandia más rural.


Prachuap es calma y paisaje...

Prachuap apenas tiene 18.000 habitantes y simplemente paseando por sus calles uno se daba cuenta de que el ambiente es diferente al de Bangkok o las islas. Muchísimas familias hacían su vida en la calle, pero sin embargo apenas había puestos callejeros de comida o de vendedores de cualquier trasto. Los precios eran super económicos y la Guesthouse donde nos quedamos fue todo lo que podíamos pedir.

Mireia aún seguía fastidiada con el pie, así que nuestra prioridad no era tanto hacer excursiones cómo poder descansar y tenerlo todo a mano.

Nos encontramos con un paseo marítimo increíble, super cuidado, que parecía estar más bien en la costa Brava o en la costa del Sol que en mitad de una provincia rural tailandesa. ¡Hasta tenía carril bici!

Nos pareció ingenioso ver que al contrario que los super 4x4 que había en Koh Tao para hacer de taxi o los típicos Toyota de Bangkok aquí se las habían apañado para adosar a los vespinos una especie de plataforma a modo de sidecar para aumentar su capacidad. La falta de medios agudiza el ingenio, desde luego.


Además acertamos de lleno con la Y&N Guesthouse, que nos ofreció un desayuno genial y la habitación de la que más nos ha costado marcharnos hasta ahora. Nunca he visto mirarme a Mireia con tanto cariño cómo al baño de la misma, de nuevo y europeo que era.

El primer día llegamos bastante tarde así que no pudimos ver mucho del pueblo, aunque fuimos a una pizzería con bastante encanto, regentada por un señor tailandés con pintas de rastafari que hacía las pizzas en hornos eléctricos. A Mireia la salsa de tomate picante de la base  no le gustó, pero a mí me encantó. Pizza Khirikhan se llamaba.


A la mañana siguiente decidimos dar una vuelta por el paseo marítimo y por el mercado para ver qué tal era el pueblo. Apenas encontramos extranjeros aunque nos sentimos un poco mal porque acabamos comiendo en una especie de hamburguesería alemana. Aún no nos hacemos del todo con la comida tailandesa, la verdad. Ese día nos lo tomamos con tranquilidad y trabajamos un poco en el blog mientras disfrutábamos de volver a tener aire acondicionado.


¡Playas de ensueño!

El segundo día nos decidimos por ir a Ao Manao, una playa que se encuentra dentro del recinto militar del Ala V de la fuerza aérea tailandesa. Aparte de pedirnos nuestros datos al entrar no tenía ningún coste, anque pagamos 40 Baht por una sombrillas y una mesa en una de las playas con vistas más chulas que nunca hemos visitado. Además hasta una chica nos acercó una carta y pudimos comer dentro de la misma playa. 

Estuvimos varias horas super relajados, tomando el sol y disfrutando del agua, que parecía de una piscina. A lo mejor Ao Manao no tiene las aguas cristalinas de otros sitios pero nosotros no hemos visto en Tailandia un sitio con mejores instalaciones y tan bien cuidado. Si hasta el carril bici que vimos en el paseo marítimo llegaba hasta ahí mismo.

Nos volvimos tras almorzar y reposar un poco, de nuevo en la moto con sidecar, en este caso con la de la chica que nos había atendido en la playa y su hijo de un par de años que se durmió en el trayecto... y eso que iba entre el manillar y su madre, xD

Esa tarde tocaba descansar, salimos a dar un último paseo y firmamos una postal en el hostal para agradecer tanta hospitalidad. A la mañana siguiente teníamos que irnos pronto para coger nuestro primer tren en Tailandia, dirección Cha am, otro destino turístico tailandés.

Unknown

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