¡Qué estamos en "La Asia"!
La mañana del 11 de julio de 2018 no la olvidaremos nunca. Ese día llegamos a Bangkok, ¡habíamos aterrizado en Tailandia! El viaje había sido largo, con parada en Kuwait, estábamos agotados pero aún así no podíamos dejar de sonreír. Tras pasar con algo de nervios el control fronterizo (¿acaso teníamos algo que temer? Más bien no, era miedo escénico) empezamos a ver como llegar hasta el bus que necesitábamos coger para llegar a Kaoh San Road. Por el rabillo del ojo íbamos buscando tamién un Superrich, que resultaba la casa de cambios que necesitábamos para tener nuestros primeros Bahts. Todo salió genial, y cuarenta minutos después de aterrizar estábamos subidos en el bus con un montón de billetes nuevecitos. El paseo hasta nuestro destino confirmó que allí sólo faltaba la hipotenusa, parecíamos dos catetos flipando ante cualquier cosa. ¡Mira mira! Un 7-evelen, mira allá, ¡eso parece sacado del Final Fantasy VII!, mira mira, ¡un coche con una Hello Kitty encima! Y así durante una hora.
Cuando nos bajamos en mitad del tráfico más loco de nuestra vida hasta la fecha, cambiamos la sorpresa por el instinto de supervivencia. Supongo que cualquier europeo necesita un periodo de adaptación al tráfico de Bangkok, para pasar de tener miedo a cruzar incluso cuando no ves coches a tirarte encima de ellos para hacerte respetar y que te dejen pasar. Casi dos semanas nos llevó a nosotros xD
Cuando nos bajamos en mitad del tráfico más loco de nuestra vida hasta la fecha, cambiamos la sorpresa por el instinto de supervivencia. Supongo que cualquier europeo necesita un periodo de adaptación al tráfico de Bangkok, para pasar de tener miedo a cruzar incluso cuando no ves coches a tirarte encima de ellos para hacerte respetar y que te dejen pasar. Casi dos semanas nos llevó a nosotros xD
![]() |
| LOST IN TRANSITION |
El hostal (All in One Hostel) estaba muy cerca de
Khao San Road y fue el más caro que pagamos durante nuestro primer mes en el país, pero ni de coña fue el mejor. Supongo que todo es un aprendizaje, y aquel colchón de muelles nos recordó que teníamos que ponernos las pilas respecto a buscar buen alojamiento.
Nos duchamos (otro día hablaremos
de las diferencias entre las duchas aquí y allí), dejamos nuestras mochilas y
nos fuimos a dar una vuelta por el barrio. El barrio de mochileros por excelencia es todo lo que uno se puede
imaginar antes de viajar, y un poco más incluso. Puestos de comida y de
baratijas en cada baldosa, un 7-Eleven en cada esquina (y otro entre los dos
anteriores) y muchísimo ruido.
La gente aquí hace la vida en la calle y en
esta zona, que ya está enfocada al turismo, esto resulta increíble y exagerado.
Al final, cómo teníamos hambre, nos paramos en un bar y probamos el Pad Thai y dos enormes cervezas Chang. Nos gustó más la cerveza que el plato nacional, pero aún quedaba mucha gastronomía tailandesa por descubrir. Después de eso, dimos una vuelta más, y nos pasó algo divertido.
Nos paró un chico tailandés
pidiéndonos que por favor ayudásemos a sus compañeros a practicar su inglés, y
aunque al principio creíamos que era un timo, acabamos hablando un buen rato
con tailandeses, Mireia con dos chicas y yo con otros dos chicos, y al
parecer era cómo una asociación que se encargaba de ayudar a aprender inglés a
los tailandeses, para que estos tengan mejores perspectivas de futuro. Fue
una de esas cosas bonitas que le dan sentido a los viajes, y aunque los pobres
chicos no hablaban mucho inglés, fue realmente divertido.
![]() |
| Pinchos y más pinchos más el helado de coco dentro de un coco de Mireia |
Tras eso, nos alejamos un poco
del ruido y nos acercamos al Gran Palacio, que por la noche está cerrado pero
que desde fuera nos pareció precioso. Volvimos al hostal y acababa así nuestro primer día en Bangkok, un día que nunca olvidaremos.
![]() |
| Desde fuera y de noche, el Gran Palacio impresiona |
Al día siguiente teníamos que ir a la embajada de Myanmar para solicitar la Visa, pues nuestra intención tras pasar unas tres semanas en Tailandia era cruzar la frontera en esa dirección, así que estuvimos mirando cómo hacerlo.
Lo primero era llegar a la embajada, para lo cual optamos por intentar ir en bus, a ver si no nos equivocábamos de línea. Desde el hostal fuimos a una parada de autobuses en una avenida con tropecientos coches en cada sentido y de vez en cuando pasaban autobuses con muy mala pinta, así que cuando vimos el de nuestro número, saltamos dentro (esto fue casi literal) y nos pusimos a rezar por no habernos equivocado de dirección.
Una señora que parecía revisora nos cobró 13 Baht (menos de 35 céntimos) por ambos tickets de un bus que no tenía aire acondicionado. Es una experiencia particular, que recomendamos a cualquiera que visite la ciudad. Es posible que el taxi sea más rápido y que los Tuk Tuk sean más pintorescos, pero el bus es lo más auténtico. Nos dejó relativamente cerca de la Embajada y tras un par de vueltas algo perdidos, acabamos dando con ella.
![]() |
| NCESITA EL FILTRO |
Entramos y cogimos número, el papel a rellenar y la indicación del recepcionista para ir hasta una copistería cercana (¿no habrá fotocopiadoras en toda la embajada?) a imprimir una copia de nuestros pasaportes. Dicho y hecho, a los cinco minutos estábamos de vuelta y nos dimos cuenta de que sólo teníamos dos números por delante. A la carrera sobre unas sillas, completamos el cuestionario justo a tiempo para cuando nos llamaron desde ventanilla.
No fue barato pero ya estábamos concienciados, así que los 1610 Baht por el visado de 28 días ya estaban apuntados en nuestras cuentas cómo un gasto inevitable. Dejamos allí nuestros pasaportes y esperamos poder recogerlos el próximo lunes, pues necesitan dos días laborables para realizar los trámites. Se podía hacer en ese mismo día, o en un solo día, pero costaba unos 2400 y 2100 respectivamente y dado que íbamos a estar en Bangkok hasta el lunes, no nos corría demasiada prisa.
Hecho esto, andamos un poco camino de un embarcadero cruzando indistintamente entre rascacielos y casas que se caían a trozos, porque íbamos a volver al hostal en barco. Tras pagar 40 Bath (poco más de un euro) por los dos tickets y hacer unos minutos de cola acabamos en un barco con bastante mala pinta yendo río arriba hasta quedarnos cerca de Khao San Road.
Este paseo/excursión es otra de las cosas que vale la pena hacer en la ciudad. Hay barcos turísticos, alargadas canoas (Long tail) que también te llevan de un lado a otro de la ciudad, pero por apenas un euro, nos movimos cómo muchos de los habitantes de la capital y nos dimos cuenta de lo grandes que son las distancias aquí en comparación con Heidelberg, por ejemplo.
![]() |
| NECESITA EL FILTRO |
Este paseo/excursión es otra de las cosas que vale la pena hacer en la ciudad. Hay barcos turísticos, alargadas canoas (Long tail) que también te llevan de un lado a otro de la ciudad, pero por apenas un euro, nos movimos cómo muchos de los habitantes de la capital y nos dimos cuenta de lo grandes que son las distancias aquí en comparación con Heidelberg, por ejemplo.
Por la tarde intentamos ir a Chinatown, pero tenemos la teoría de que algo pasó con el autobús que tenía que llevarnos. La parada estaba cómo en una plaza con una isla en medio, al otro lado había otra parada del mismo bus y por supuesto, no teníamos claro dónde cogerlo.
Primero nos pusimos a un lado de la plaza e intentamos subir a dos, pero en ambos casos nos dijeron que la dirección que nosotros necesitábamos era en la parada de enfrente, así que para allá fuimos. Durante casi una hora vimos pasar autobuses de todo tipo menos el nuestro, y ya nos empezamos a extrañar porque además varias señoras de la parada parecían estar esperando el mismo autobús y este no aparecía, así que nos rendimos y con un poco de bajona, acabamos en el hostal.
¿Lo mejor de aquella tarde? A la vuelta paramos en un puesto que ya nos había tentado nada más llegar y comimos un pollo frito crujiente que estaba para quitar el sentido.
Primero nos pusimos a un lado de la plaza e intentamos subir a dos, pero en ambos casos nos dijeron que la dirección que nosotros necesitábamos era en la parada de enfrente, así que para allá fuimos. Durante casi una hora vimos pasar autobuses de todo tipo menos el nuestro, y ya nos empezamos a extrañar porque además varias señoras de la parada parecían estar esperando el mismo autobús y este no aparecía, así que nos rendimos y con un poco de bajona, acabamos en el hostal.
¿Lo mejor de aquella tarde? A la vuelta paramos en un puesto que ya nos había tentado nada más llegar y comimos un pollo frito crujiente que estaba para quitar el sentido.













