¿Quieres ayudar a cambiar el mundo? ¿Te fastidia ver animales abandonados, miles de botellas de plástico por las calles o que un niño no tenga las oportunidades que se merece para estudiar?
Hacer un voluntariado intenta arreglar esas injusticias que nos encontramos día a día y que a muchos nos fastidian pero pocos se ponen manos a la obra para solucionar. Participar en un voluntariado es una manera de cambiar el mundo, y realmente vale la pena.
Un voluntariado no es un trabajo profesional ni remunerado, sino que
Un voluntariado es el trabajo o servicio que una persona, ya sea solo o formando parte de una organización, ofrece a una comunidad o al medio ambiente por decisión propia. Un voluntario no busca lucrarse económicamente ni recibir un reconocimiento por su trabajo, ni realiza su actividad sin ser consciente de ello.
Un voluntario es alguien que trata de ayudar a otras personas o al medio ambiente del modo en que le es posible, con la intención de cumplir un objetivo.
Muchas personas se lamentan de los problemas que tienen a su alrededor pero no ponen un esfuerzo en solucionar esos mismos problemas y esperan que alguien los resuelva.
El voluntario no es un profesional ni debe servir para suplir servicios que se suponen públicos, sino que es alguien que desinteresadamente colabora con una causa.
El mundo a veces apesta, y la injusticia se encuentra a la orden del día, pero un modo de contribuir a tener un mundo mejor es participar en iniciativas que traten de compensar esas problemáticas.
El holocausto llevado a cabo por los alemanes contra el pueblo judío y otras muchas minorías durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los sucesos más conocidos y macabros de la historia de la Humanidad. Sin embargo aun hoy día sorprenden las dimensiones de la tragedia, y siempre parecen quedar cabos por atar.
Los Nazis ya desde sus orígenes, mucho antes de alcanzar el poder, deseaban la completa aniquilación de los judíos, por considerarlos una raza "inferior" que se aprovechaba como un parásito de la raza "aria", de la que formaba parte el pueblo alemán.
¿Cómo pudieron en tan corto espacio de tiempo, mientras libraban una guerra mundial, conocer, localizar, detener y finalmente asesinar a unos 11 millones de individuos a lo largo y ancho de la Europa conquistada?
![]() |
| Máquina perforadora Hollerith (Wikipedia) |
El control del estado policial nazi dentro de las fronteras alemanas (con una enorme población judía) fue aplastante, pero la capacidad para contabilizar, controlar, deportar y finalmente acabar con poblaciones judías, gitanas u homosexuales en países como Polonia, Austria o las partes soviéticas que controlaron se hizo a una velocidad increíble gracias, en parte, a un elemento bastante desconocido.
Las tarjetas perforadas y las máquinas Hollerith que trabajaban con ellas permitieron al gobierno de Hitler llevar una "contabilidad" inusitadamente exacta, metódica y eficaz de todos aquellos que acabaron bajo su jurisdicción.
El funcionamiento de las mismas, antecesoras de lo que más tarde serían los primeros ordenadores, era relativamente sencillo. Una tarjeta perforada no era más que una cartulina del tamaño de un dolar que contenía información interpretable a través de sus perforaciones, que están asociadas al código binario.
En lugar de un sinfín de papeles que fácilmente podían perderse entre pasos de un funcionario a otro en busca de información, las máquinas que trabajaban con ellas lograban dar al terror nazi información detallada, y procesarla rápidamente.
Se logró un censo de la población controlada muy completo, en que se sabían los detalles más importantes de cada habitante con sólo introducir la tarjeta en una máquina. Del mismo modo que este sistema podía hacer que los trenes fuesen más puntuales al reducir las posibilidades humanas de error, por primera vez en la historia se mecanizó el asesinato.
Pero como llegó esta tecnología a mano de los secuaces de Hitler es también chocante, pues pese a lo avanzado de Alemania a nivel tecnológico en los años 30, tanto las tarjetas cómo las máquinas, y todo el mantenimiento y supervision estuvieron directamente asociados a una de las mayores empresas ¡estadounidenses!, IBM.
IBM, primero de modo directo o a través de Dehomag, su filial alemana, y más tarde a través de esta y de empresas pantalla ubicadas en Suiza proveyó al gobierno alemán de todo lo necesario para trabajar de modo eficaz ese sistema.
Desde muchos años antes de llegar al poder, Hitler ya avisó de sus intenciones de acabar con los judíos y tan pronto cómo lo alcanzó, empezó a trabajar en ello, pero gracias al control de la población sin precedentes que le otorgaron las tarjetas perforadas pudo lograr un éxito terriblemente costoso en vidas humanas.
Tan importante fue la colaboración nazi con IBM que el entonces presidente de la compañía, Thomas John Watson fue galardonado con la máxima distinción nazi a extranjeros en 1937, la cruz al mérito del águila germana, como reconocimiento por su aportación al régimen.
Durante toda la guerra IBM colaboró con los Nazis, suministrando todo lo que necesitaron para seguir trabajando las tarjetas perforadas a pesar del bloque impuesto por el gobierno estadounidense, y aunque la empresa actuó en gran medida solo por interés económico, no deja de ser revelador saber que Watson, al igual que otro gran magnate americano como Ford, fueron dos de los mayores antisemitas de su tiempo.
No se puede llevar a casi toda una "raza" a la extinción sin una colaboración estrecha de diferentes ramas y las tarjetas perforadas, junto al indecible odio de los Nazis alemanes a los judíos, consiguieron unos resultados que aún hoy día ponen los vellos de punta.
Hace unos años se publicó un libro "IBM y el Holocausto" en que lo contado aquí se narra de modo exhaustivo y documentado, para quien quiera saber más. Igualmente, leer "si esto es un hombre" del químico y escritor italiano Primo Levi es una experiencia recomendable para todos aquellos que quieran acercarse a lo que realmente fue el Holocausto desde dentro.
Decidirse a hacer un viaje de un puñado de meses, en que dejas un trabajo estable, una ciudad que conoces y un futuro más o menos encarrilado puede ser una de las decisiones más complicadas de la vida, y desde luego, nada ni nadie te asegurará que al volver a casa serás más feliz o más sabio, pero la vida es una sola.
Nosotros, por ejemplo, tenemos esta idea de visitar todo el sudeste asiático rondando por la cabeza desde la primavera de 2016 y sólo ahora, en el verano de 2018 nos hemos atrevido a ponerla en práctica. Hemos vivido muchísimo en este tiempo, hemos visitado otras ciudades cómo New York, Estrasburgo o Ginebra, además de haber vivido tanto en Brístol Mireia cómo en Heidelberg ambos, así que, por así decirlo, nos hemos preparado para, tras varias mudanzas, romper un poco con Europa y marcharnos a descubrir mundo.
Era ahora o nunca el modo en que nos sentíamos, y decidimos que la experiencia merecía la pena. No sabemos qué nos deparará el viaje, pero desde luego ya sabemos que lo que hemos vivido hasta ahora ha sido una aventura.
A finales del año pasado, tras visitar a un amigo en Manhattan y volver a nuestra rutina en Heidelberg nos dimos cuenta de que no éramos felices, o al menos que aquello que estábamos haciendo no nos llenaba y que desde luego no queríamos seguir haciéndolo el resto de nuestra vida. A veces uno encuentra su trabajo perfecto siendo muy joven, y siente que va a vivir en el lugar en que ahora está por el resto de su vida, pero no era nuestro caso.
Entonces sacamos del nuestra memoria la idea que tuvimos casi dos años atrás de visitar Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam y empezamos a pensar que por qué no hacerlo pronto, que si realmente nos esforzábamos, podríamos ahorrar lo suficiente en unos pocos meses y a partir de ahí, hacer borrón y cuenta nueva.
Una noche de febrero, sin planearlo, nos vimos buscando un vuelo barato a Bangkok y sin darnos tiempo a dudar, ¡LO COMPRAMOS!. No pensamos muy bien la fecha, simplemente queríamos algo barato y cercano en el tiempo, cómo para obligarnos a marcharnos, a esforzarnos hasta esa fecha.
Al día siguiente, ¡menudo vértigo! Por dios, que podríamos empezar a prosperar en Alemania, a ganar más dinero, a mudarnos a un lugar más barato y mejor, a dominar el alemán y a comprarnos un coche o un ordenador mejor y ahora habíamos echado por tierra todas esas posibilidades porque en julio teníamos que subirnos a un avión. ¿Qué habíamos hecho?
La realidad era la que era, de modo que nos pusimos manos a la obra con todo lo que creíamos que era necesario para empezar esa aventura. Buscamos todos y cada uno de los sitios que queríamos visitar (más de trescientos), empezamos a trazar una ruta y un día nos dimos cuenta que estábamos haciendo las cosas para Tailandia cómo las haríamos para Alemania, y...

...eso no podía salir bien, porque no era lo que queríamos. Guardamos esos sitios, pero decidimos que no habría ruta, que iríamos sin mirar las fechas y sin reservas de hostal, si un sitio nos gustaba, nos quedaríamos allí el tiempo que nos apeteciese, si algo nos decepcionaba a pesar de mil buenas opiniones, nos iríamos y a otra cosa, ¡sin más!
![]() |
| ¡Hay mucho por ver! |
Hasta ahí el primer paso, pero aún quedaba mucho por hacer. Todo esto que ahora es lo que nosotros hemos documentado para estar listos para hacer un viaje:
- Las vacunas y el seguro: por supuesto, no nos queremos pasar un par de semanas en un hospital de Hanoi y luego pagar la factura, así que esto es lo que hemos aprendido relacionado con la salud.
- Fronteras y visados: ¿queríamos visitar más de un país? Aquí está todo lo que necesitamos para movernos por la región, los pasos fronterizos, las diferentes "visas" y los tiempos de estancia.
- La mochila: nos parece muy pesada incluso cuando está vacía, por eso aquí decidimos aquello que de verdad necesitamos, aquello que elegimos dejar en casa y las cosas que creemos que más interesa comprar una vez estemos de viaje.
- Tecnología: no queríamos que nuestros padres no tuviesen noticias nuestras durante varios días, así que hemos descubierto cuales son las compañías telefónicas más recomendables de cada país, los tipos de enchufes que vamos a necesitar y cómo de bien o mal puede funcionar el internet del aire (WI-FI para los tecnófilos) en según que zonas. Aquí está toda esa información.
- Idiomas: Vietnam es el único país de la región que usa un alfabeto latino (aunque con modificaciones), así que todos los carteles de la zona nos suenan a chino, pero no hay que desesperar, un par de palabras de tailandés y nuestra mejor sonrisa deberían permitirnos comprar Pad Thai, ¿no?
- Transporte: No somos árboles, así que pensamos movernos desde Bangkok tan lejos cómo nos sea posible, y para no perdernos yendo desde Koh Tao al delta del Mekong, hemos aprendido un par de trucos para movernos por el sudeste asiático.
- Alojamiento: Es verdad que la temperatura en el sudeste asiático rara vez baja de los veinte grados, pero el Monzón y la humedad hacen que la perspectiva de dormir bajo un puente o un par de cocoteros pierda atractivo, ¿dónde nos vamos a quedar? ¿cómo vamos a encontrar la habitación que necesitamos? Esperamos que con lo que hemos buscado sea suficiente.
- Dinero: A nadie le hace gracia ver que su banco le cobra una comisión, aunque esta sea en Baht y no sepamos muy bien lo cara que nos ha salido la transferencia. Cada país tiene una moneda diferente, y aunque en muchos sitios sabemos que nos aceptarán dólares o euros, la mejor manera de viajar es aprovechar al máximo nuestro dinero.
Esto es todo lo que hemos leído y hecho para prepararnos, ¡no podemos tener más ganas de vivirlo!
Viviendo en Alemania y siendo españoles las fronteras nos suenan a cosas del pasado, o de algún sitio muy lejano, gracias a la Unión Europea, pero dado que nos vamos casi al otro lado del mundo, no nos vamos a librar de cruzar pasos fronterizos, tener que pagar por algunos visados y quizá hacer largas colas porque el funcionario de turno pone pegas a nuestra entrada al país.
Para no perder la paciencia antes de tiempo, hemos recopilado toda la información de internet y alrededores porque no querríamos acabar echando una mañana en un paso fronterizo que sólo aceptase a tailandeses y malasios por desconocimiento.
Lo primero es lo primero, así que antes de saber dónde cruzar para ir de un sitio a otro, nos interesaba saber dónde nos iban a dejar entrar, por cuanto tiempo, y lo que nos iba a costar la autorización. Y esta es la conclusión a la que llegamos.
TAILANDA
Es la puerta de entrada al sudeste asiático, nosotros llegaremos a Bangkok, y cómo ciudadanos españoles tenemos acceso a una visa gratuita "on arrival" (al llegar) que nos permite estar en el país por 30 días (sin múltiples entradas). Si entras a Tailandia por tierra, el visado gratuito es sólo por 15 días.
MALASIA
Quizá el más sencillo de todos los países que hemos pensado visitar. Entrando por tierra o por aire, los españoles recibimos 90 días de libre tránsito por todo el país de manera gratuita.
VIETNAM
Para los españoles, en conmemoración del 40º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, la exención de visado por 15 días* se mantendrá al menos hasta el 30 de junio de 2021. Si quieres permanecer por más tiempo, deberás solicitar una visa extra***
CAMBOYA
Tanto si llegamos en avión cómo a pie por los diferentes pasos fronterizos, el coste es de 30 dólares por una estancia continuada de 30 días. Tenemos que tener cuidado con los funcionarios, que siempre intentan cobrarte un recargo extra por la cara.
LAOS
Al igual que en el caso camboyano, la visa se tramita al llegar al puesto fronterizo, y cuesta 35 dólares por 30 días de duración.
MYANMAR
La única visa de la zona que tienes que gestionar antes de llegar al país. El coste por 28 días es de 50 dólares, y podremos solicitarla en Bangkok****. Hay que tener cuidado, pues una vez expedida, sólo tiene una vigencia de tres meses.
Una vez supimos los requisitos que íbamos a necesitar para entrar en cada uno de los países que habíamos planeado, tocaba echar un vistazo a los pasos fronterizos.
* http://www.exteriores.gob.es/Embajadas/HANOI/es/Noticias/Paginas/Articulos/Vietnam-prorroga-la-ex.aspx
** https://www.vietnamonlinevisas.org/
*** Una vez dentro del país, se puede solicitar en las oficinas de inmigración una visa, de por ejemplo 30 días por 35 dólares si no tienes prisas, pues se recogería entre uno y dos días después. https://www.vietnam-evisa.org/visa-fee/spain.html
DIARIO ANTERIOR. Diario 7:
![]() |
| PLAYA DE CHA-AM |
Habíamos leído que era otro sitio con buenas playas, buena comida y un ambiente bastante familiar, así que buscamos dónde alojarnos y reservamos en el Blue Lagoon Hostel, que vimos que estaba muy cerca de la playa.
Teníamos que mirar cómo llegar de Prachuap hasta Cha-Am y confirmamos que había conexión directa en tren y además nos cuadraba perfecta la hora, porque a las diez de la mañana pasaría el tren y dos horas y pico después estaríamos en nuestro destino.
Iba a ser nuestra primera experiencia con el ferrocarril por esos lares, así que fuimos a la estación bastante emocionados y por 48 Bahts pillamos los boletos para ambos. Algo más de un euro por un viaje de 160 kilómetros para dos personas. Una verdadera ganga, la verdad.
![]() |
| TICKET A CHA-AM |
El tren iba lleno y con diez minutos de retraso pero no fue tan chocante cómo esperábamos, la verdad. Al poco de subirnos, pudimos pillar un par de sitios juntos y sentados al lado de varias señoras mayores que se pasaron el viaje cuchicheando sobre nosotros (o eso es lo que creemos) y disfrutamos del paisaje. Campos de arrozales, pequeños pueblos que no entendíamos cómo tenían estación de tren y obras de mantenimiento alrededor de las vías hicieron el camino bastante ameno. Mención aparte al sinfín de vendedores que recorrían los pasillos una y otra vez anunciando lo que vendían.
Ya acabando el viaje pasamos por Hua Hin, dónde la familia real tailandesa construyó hace ya casi un siglo su palacio de verano, convirtiendo a la ciudad en uno de los principales focos del turismo nacional tailandéses. Cha-am se encontraba siguiendo esa misma línea de costa y de hecho desde ella se veían a lo lejos algunos de los enormes hoteles de Hua Hin.
Al bajarnos del tren, cargados con las mochilas, muertos de hambre y con el calor del mediodía asfixiándonos, los casi dos kilómetros hasta el hostal se hicieron eternos, sobre todo para el maltrecho tobillo de Mireia. Fue una calle recta, pero nos pareció horrible, atestada de coches y sin aceras continuadas, muy "Made in Thailand".
Ya cerca de la playa, a apenas cinco minutos torcimos a la derecha y vimos dónde íbamos a quedarnos... Qué mala pinta tenía el bar que en algún momento de su vida debía haber animado el hostal. Nos recibieron dos señoras que nos dijeron que esperásemos, que tenían que llamar a alguien para que nos entregase las llaves. Nos pedimos una Coca-Cola para refrescarnos y al poco llegó un chaval que nos guió hasta nuestra nueva habitación.
La estancia era enorme, lo mismo tenía 40 metros cuadrados, pero el color verde chillón junto a unos muebles sacados de un mercado de segunda mano, un frigorífico que daba asco y un aire acondicionado que funcionaba de pena iban a fastidiarnos bastante durante esos días. A veces lo barato, sale caro y estropea ciertas experiencias, y esta iba a ser una de las ocasiones.
Se nos había hecho un poco tarde, así que tras soltar las mochilas, ducharnos y tomar un respiro, nos decidimos a buscar donde comer. Tras pasar por el Three Faces Kaffee para comer, aprovechamos que estaba cerca de la playa para echar un vistazo y ver que había un montón de sillas y mesas en la arena, todo preparado para el finde.
Pasamos en la ciudad tres días que resultaron ser festivos relacionados con el budismo, así que no se vendía alcohol en casi ninguna parte y muchos sitios parecían cerrados. Aún así, el centro parecía atestado de turistas y de coches. De verdad, Cha-am es el Benidorm tailandés, con sus cosas buenas y malas.
El primer día completo en Cha-am decidimos que había que sacar provecho de la playa. Nos levantamos dispuestos a madrugar y llegar los primeros a la arena pero entre una cosa y otra (no sé cómo tenemos tanta habilidad para perder el tiempo, la verdad) nos dieron las once y para cuando llegamos a la playa, siendo sábado y festivo, estaba hasta la bandera de familias tailandesas con nietos, abuelos y demás.
Así las cosas, intentamos negociar pillar un par de sillas con una mesa, pero nos pedían muchísimo dinero o nos daban largas, hasta que tuvimos que aceptar que no íbamos a poder estar con los tailandeses y una chica nos dijo que había unas hamacas justo delante de todo el "tinglao local" en que estaríamos cómodos por 200 Baht. Nosotros insistimos en el tema de las sombrillas, hasta que nos pusieron tres para nosotros solos. Era bastante ilustrativo y gracioso ver que sólo había dos parejas de hamacas así, las nuestras y al lado las de una pareja europea con un niño.
A pesar de que no fueron precisamente baratas, acabamos estando muy cerca del mar, sin nada ni nadie que nos impidiese verlo perfectamente y super tranquilos. Cómo el Sol iba y venía entre las nubes pero hacía bastante calor, nos preocupaba quemarnos, así que estuvimos entrando y saliendo del agua a cada rato, disfrutando de un mar que parecía una piscina de lo tranquilo calentito que estaba.
Ya cerca del mediodía yo, que veo una pelota y me comporto como un perro, vi a unos chavales (y no tan chavales) jugando a fútbol junto a la orilla y no me pude resistir a preguntarles si podía jugar con ellos. Sin prácticamente hablar (porque no sabían casi nada de inglés) me dijeron que vale, y trataron de explicarme con que equipo jugaría. Me costó un par de jugadas enterarme pero luego estuve un buen rato jugando y me lo pasé pipa. ¡Hasta marqué un Hack-Trick!
Poco después volvimos al apartamento, ducha y fuimos a comer a un sitio situado frente al del día anterior. La comida tailandesa cada día nos gusta más y encima resulta super económica. El inglés de las camareras brilló por su ausencia, pero oye, ¡le da encanto y vidilla a algo tan simple cómo comer fuera!
Por el ahorro de la mañana decidimos que podíamos darnos el capricho de cenar en un sitio que nos apetecía, una especie de mexicano-americano regentado por un señor tailandés pero que parecía haber vivido en USA. Quizá sea una de las comidas más ricas hasta la fecha la que comimos en el Roadside Restaurant, comida mexicana en plena Tailandia. ¡Guay, sin duda!
Cómo no nos apetecía volver tan pronto al hostal deprimente, dimos una vuelta por el centro mientras anochecía y pasamos por la que debía ser la calle de los pubs y de la vida nocturna, y fue bastante triste. No había mucho movimiento, pero se veía a muchas prostitutas y un puñado de hombres europeos que resultaba evidente lo que hacían allí. No hay que explicar mucho esto, pero da bastante pena que haya gente que aproveche su posición económica para "adueñarse" de según que caprichos.
De no ser por esas escenas, parecía un sitio en que habría sido agradable tomar un mojito...
Tocaba volver al hostal, preparar las mochilas para al día siguiente dejar la ciudad y despedirnos por una temporada de las playas, ¡Ratchaburi nos esperaba a menos de dos horas de tren tailandés de distancia!
![]() |
| DESDE FUERA TAMPOCO TENÍA BUEN ASPECTO |
Se nos había hecho un poco tarde, así que tras soltar las mochilas, ducharnos y tomar un respiro, nos decidimos a buscar donde comer. Tras pasar por el Three Faces Kaffee para comer, aprovechamos que estaba cerca de la playa para echar un vistazo y ver que había un montón de sillas y mesas en la arena, todo preparado para el finde.
Pasamos en la ciudad tres días que resultaron ser festivos relacionados con el budismo, así que no se vendía alcohol en casi ninguna parte y muchos sitios parecían cerrados. Aún así, el centro parecía atestado de turistas y de coches. De verdad, Cha-am es el Benidorm tailandés, con sus cosas buenas y malas.
![]() |
| LA PLAYA DE CHA-AM |
El primer día completo en Cha-am decidimos que había que sacar provecho de la playa. Nos levantamos dispuestos a madrugar y llegar los primeros a la arena pero entre una cosa y otra (no sé cómo tenemos tanta habilidad para perder el tiempo, la verdad) nos dieron las once y para cuando llegamos a la playa, siendo sábado y festivo, estaba hasta la bandera de familias tailandesas con nietos, abuelos y demás.
Así las cosas, intentamos negociar pillar un par de sillas con una mesa, pero nos pedían muchísimo dinero o nos daban largas, hasta que tuvimos que aceptar que no íbamos a poder estar con los tailandeses y una chica nos dijo que había unas hamacas justo delante de todo el "tinglao local" en que estaríamos cómodos por 200 Baht. Nosotros insistimos en el tema de las sombrillas, hasta que nos pusieron tres para nosotros solos. Era bastante ilustrativo y gracioso ver que sólo había dos parejas de hamacas así, las nuestras y al lado las de una pareja europea con un niño.
A pesar de que no fueron precisamente baratas, acabamos estando muy cerca del mar, sin nada ni nadie que nos impidiese verlo perfectamente y super tranquilos. Cómo el Sol iba y venía entre las nubes pero hacía bastante calor, nos preocupaba quemarnos, así que estuvimos entrando y saliendo del agua a cada rato, disfrutando de un mar que parecía una piscina de lo tranquilo calentito que estaba.
Ya cerca del mediodía yo, que veo una pelota y me comporto como un perro, vi a unos chavales (y no tan chavales) jugando a fútbol junto a la orilla y no me pude resistir a preguntarles si podía jugar con ellos. Sin prácticamente hablar (porque no sabían casi nada de inglés) me dijeron que vale, y trataron de explicarme con que equipo jugaría. Me costó un par de jugadas enterarme pero luego estuve un buen rato jugando y me lo pasé pipa. ¡Hasta marqué un Hack-Trick!
![]() |
| ¡Ojo cuidao, que no sabía ni en que equipo jugaba! |
Poco después volvimos al apartamento, ducha y fuimos a comer a un sitio situado frente al del día anterior. La comida tailandesa cada día nos gusta más y encima resulta super económica. El inglés de las camareras brilló por su ausencia, pero oye, ¡le da encanto y vidilla a algo tan simple cómo comer fuera!
Por el ahorro de la mañana decidimos que podíamos darnos el capricho de cenar en un sitio que nos apetecía, una especie de mexicano-americano regentado por un señor tailandés pero que parecía haber vivido en USA. Quizá sea una de las comidas más ricas hasta la fecha la que comimos en el Roadside Restaurant, comida mexicana en plena Tailandia. ¡Guay, sin duda!
Cómo no nos apetecía volver tan pronto al hostal deprimente, dimos una vuelta por el centro mientras anochecía y pasamos por la que debía ser la calle de los pubs y de la vida nocturna, y fue bastante triste. No había mucho movimiento, pero se veía a muchas prostitutas y un puñado de hombres europeos que resultaba evidente lo que hacían allí. No hay que explicar mucho esto, pero da bastante pena que haya gente que aproveche su posición económica para "adueñarse" de según que caprichos.
De no ser por esas escenas, parecía un sitio en que habría sido agradable tomar un mojito...
Tocaba volver al hostal, preparar las mochilas para al día siguiente dejar la ciudad y despedirnos por una temporada de las playas, ¡Ratchaburi nos esperaba a menos de dos horas de tren tailandés de distancia!
Llegamos a Prachuap Khiri Khan tras casi una semana en Koh Tao con ganas de disfrutar de playas sin cuestas y creíamos que un pueblecito junto al mar sería perfecto. Habíamos decidido ir desde Chumphon hasta nuestro nuevo destino en Van, en la que sería nuestra primera experiencia con ese transporte, que resultó genial.
Al parecer es un destino común entre los tailandeses y podemos entenderlo, porque aún guarda el encanto de la tailandia más rural.
Prachuap apenas tiene 18.000 habitantes y simplemente paseando por sus calles uno se daba cuenta de que el ambiente es diferente al de Bangkok o las islas. Muchísimas familias hacían su vida en la calle, pero sin embargo apenas había puestos callejeros de comida o de vendedores de cualquier trasto. Los precios eran super económicos y la Guesthouse donde nos quedamos fue todo lo que podíamos pedir.
Mireia aún seguía fastidiada con el pie, así que nuestra prioridad no era tanto hacer excursiones cómo poder descansar y tenerlo todo a mano.
Nos encontramos con un paseo marítimo increíble, super cuidado, que parecía estar más bien en la costa Brava o en la costa del Sol que en mitad de una provincia rural tailandesa. ¡Hasta tenía carril bici!
Nos pareció ingenioso ver que al contrario que los super 4x4 que había en Koh Tao para hacer de taxi o los típicos Toyota de Bangkok aquí se las habían apañado para adosar a los vespinos una especie de plataforma a modo de sidecar para aumentar su capacidad. La falta de medios agudiza el ingenio, desde luego.
Además acertamos de lleno con la Y&N Guesthouse, que nos ofreció un desayuno genial y la habitación de la que más nos ha costado marcharnos hasta ahora. Nunca he visto mirarme a Mireia con tanto cariño cómo al baño de la misma, de nuevo y europeo que era.
El primer día llegamos bastante tarde así que no pudimos ver mucho del pueblo, aunque fuimos a una pizzería con bastante encanto, regentada por un señor tailandés con pintas de rastafari que hacía las pizzas en hornos eléctricos. A Mireia la salsa de tomate picante de la base no le gustó, pero a mí me encantó. Pizza Khirikhan se llamaba.
A la mañana siguiente decidimos dar una vuelta por el paseo marítimo y por el mercado para ver qué tal era el pueblo. Apenas encontramos extranjeros aunque nos sentimos un poco mal porque acabamos comiendo en una especie de hamburguesería alemana. Aún no nos hacemos del todo con la comida tailandesa, la verdad. Ese día nos lo tomamos con tranquilidad y trabajamos un poco en el blog mientras disfrutábamos de volver a tener aire acondicionado.
El segundo día nos decidimos por ir a Ao Manao, una playa que se encuentra dentro del recinto militar del Ala V de la fuerza aérea tailandesa. Aparte de pedirnos nuestros datos al entrar no tenía ningún coste, anque pagamos 40 Baht por una sombrillas y una mesa en una de las playas con vistas más chulas que nunca hemos visitado. Además hasta una chica nos acercó una carta y pudimos comer dentro de la misma playa.
Nos volvimos tras almorzar y reposar un poco, de nuevo en la moto con sidecar, en este caso con la de la chica que nos había atendido en la playa y su hijo de un par de años que se durmió en el trayecto... y eso que iba entre el manillar y su madre, xD
Esa tarde tocaba descansar, salimos a dar un último paseo y firmamos una postal en el hostal para agradecer tanta hospitalidad. A la mañana siguiente teníamos que irnos pronto para coger nuestro primer tren en Tailandia, dirección Cha am, otro destino turístico tailandés.
Para ir de Koh Tao a Prachuap Khiri Khan aparte de un ferry necesitábamos decidir cómo movernos una vez estuviésemos de vuelta en la Tailandia continental.
Nuestra primera opción eral el tren, pero no llegábamos a tiempo y cómo parece que esa línea opera con muchos más trenes de noche que durante el día, tuvimos que descartarlo.
Miramos si había buses pero no encontramos nada, así que sólo teníamos la opción de ir en Van. Para el que no lo sepa, un Van es una furgoneta adaptada para hacer de minibus.
![]() |
| TÍPICA VAN PARA EL TRANSPORTE DE PASAJEROS |
Teníamos dos compañías, la primera costaba 600 Baht por pasajero y la segunda sólo 229 Baht. Cómo tardaban lo mismo y el ferry ya había sido bastante caro, nos decidimos por la segunda.
La teoría era que el Van saldría a las dos del mediodía de Chumphon y tres horas más tarde estaríamos a las afueras de Prachuap. Tras un par de vueltas buscando donde coger la dichosa furgoneta, una señora a lo lejos nos gritó "Prachuap" varias veces. Debía ser nuestra furgoneta, pensamos.
![]() |
| MÁXIMA SEGURIDAD A BORDO |
Como el viaje iba a ser largo y no habíamos comido, yo intenté decirle a la señora que iba a buscar algo para comer antes de salir, inmediatamente me cogió por banda y me llevó a una tienda a dos metros que parecía tener cómo dos dueños, pues la mujer me dijo que comprase en uno de ellos, que el otro no era bueno. Todo muy absurdo...y divertido, eso sí.
Salimos media hora antes de lo previsto (¿por qué?) e íbamos ocho pasajeros, aforo completo según nuestro ticket de internet. Aparte de la señora y el resto de tailandeses, nuestras dos mochilas, una enorme bolsa de piñas y dos cajas grandes de manzanas completaban la furgoneta. No incluyo entre los viajeros a un señor con el que la conductora se pasó al teléfono tres cuartos del viaje para poner a prueba nuestros nervios.
Llegamos a Prachuap cuatro horas más tarde, y poco retraso me pareció, ¡madre mía!
![]() |
| COSITAS BONITAS DE PRACHUAP |
Paramos en tropecientos sitios diferentes sin un sentido u orden aparente. Algunas veces a la conductora le daban un papel, otras veces ella entregaba otro, o las cajas de manzana y las piñas. Obviamente éramos los únicos europeos, y el viaje debió ser bastante común para los estándares tailandeses pero para nosotros fue toda una novedad. Al llegar la señora nos preguntó el nombre del hostal al que íbamos y tras verlo se puso a decir "friend, friend".
A esas alturas, tras haberla visto socializar con toda la provincia ni nos sorprendía que los conociese. Fuese cierto o no, nos dejó en la misma puerta de la Guesthouse. Le dimos muchas veces las gracias y se fue sin saludar al "friend".
El transporte en Tailandia nos confunde pero, ¡joe! también es divertido.
Cuando estuvimos en Koh Tao, recién llegado a Tailandia, volviendo un día de la playa por entre cuestas y más cuestas, Mireia se resbaló y se hizo bastante daño en el tobillo. Teníamos que asegurarnos que no tuviese nada roto, así que fuimos en taxi hasta el hospital de Koh Tao, parte de la sanidad "pública" tailandesa.
¿Qué tal fue la experiencia? No estuvo mal, aunque fue bastante "novedoso" para nosotros.
Más que un hospital aquello era un centro de salud/ambulatorio bastante sencillo.
Nad amás llegar una recepcionista llevó a Mireia a la sala de curas mientras yo rellenaba un formulario (en inglés, gracias a God). Su pie tenía mal aspecto así que cuando llegó un "doctor" que parecía tener alrededor de 17 años, no nos tranquilizó mucho.
El chico examinó el pie un poco por encima, haciendo algunos comentarios en un inglés que no entendíamos muy bien. Decía que no parecía roto, pero para asegurarnos Mire eligió hacer una radiografía.
Trajeron una silla de ruedas y una enfermera la llevó a la sala de Rayos-X donde un ¿enfermero? le hizo la radiografía ¡sin salir él de la habitación! La radiación no debía ir con él xD
Tras unos minutos de espera el médico y el enfermero radioactivo me llamaron para que echase un vistazo a la radiografía...
Yo me quedé bastante sorprendido y con mis amplios conocimientos en traumatología (me he visto House entera) concluí que no había nada roto. El médico confirmó mi diagnóstico y fumios a darle la buena nueva a Mireia.
Ya más tranquilos, el médico le recetó un relajante muscular para los tres días siguientes junto a paracetamol. Un tratamiento revolucionario, ¡vamos!
Tras vendarle el pie una enfermera, otra rellenó la factura (1900 Baht por los medicamentos, la venda y la radiografía) mientras el médico nos daba un justificante para el seguro, de cara a posibles reclamaciones.
Acababa así nuestra primera toma de contacto con la sanidad tailandesa. Aparte de la duda que tendremos siempre de si nos atendió un médico o un adolescente que pasaba por allí las sensaciones no fueron malas. Ojalá no necesitemos pisar más hospitales durante nuestro viaje; será buena señal.
¡Ojo, que lo que cuento yo también lo he sufrido y aún no lo he superado del todo, pero creo que lo primero es reconocerlo!
No sigas intentándolo, déjalo, no se puede ver Londres o Roma en un fin de semana, es una cuestión de espacio y tiempo, sin más.
Se puede dormir en el suelo del aeropuerto de turno, hacerte tres fotos en los tres sitios más pintorescos y dedicar dos hroas a museos con miles de piezas expuestas. También puedes volver el lunes siguiente al curro y sentenciar que ya conoces Roma porque has pasado el finde allí y que las pizzas italianas no son para tanto, pero para todo eso hay que tener los huevos cuadraos y la espalda a prueba de bombas, eh...
Las low-cost, los B&B y las redes sociales es posible que nos hayan puesto el mundo al alcance de la mano pero han convertido una experiencia que se supone placentera, cómo es viajar por vacaciones, en una gincana que requiere dominar varios idiomas, tener la capacidad de carga de un mulo y el fondo físico de un marine para ver el Big Ben, Wembley y el British Museum en una mañana de sábado. No contento con eso, por la tarde te vas a patear todo Nothing Hill, y te lo digo ya, está lleno de cuestas... Tiene mérito, sobre todo porque la noche previa la has pasado durmiendo en el Meliá "Sillas de Barajas" que ofrece un lecho más duro que el cemento.
Para más inri, comes fish and chips en Chinatown porque necesitas confirmar a tus amigos que los británicos comen de pena y que en Villanueva del Manzano hay más oferta gastronómica que en Londres. ¡Olé ahí, españolidad a tope!
Definitivamente, si hay que viajar así, que se pare el tren o avión de turno, que yo me bajo. Porque además hemos perdido el derecho a confesar las frustraciones. No vayas a decir que la Mona Lisa es enana, que Venecia huele a alcantarillas o que en Edimburgo llueve diez meses al año, que resultas un aguafiestas.
Viajar de este modo es aceptar una premisa horrible:
"no dejes que la verdad te estropee una buena historia".
Porque obviamente, no gastas 47 euros en un vuelo, 32 en un hostal y 45 en las comidas d e todo un finde para publciar en Facebook que Berlín e smás fea que un frigorífico por detrás, sino para vacilar de foto en el Muro y en Checkpoint Charlie (que es más falso que un billete de 3$).
Lo dicho, cuando viajas así no importa el contenido sino la oportunidad de decir donde has estado y tener fotos para demostrarlo. No sé si buscamos me gustas o me das envidia, la verdad.
Todo esto además es bastante reciente. Mis padres, que cuentan con los dedos de una mano las veces que han salido de Andalucía, de la vez que fueron a Benidorm lo que guardan es una foto con Cruyff, que a mi padre le encanta pero que es un ultraje en estos días, porque no confirma que realmente estuviesen en Benidorm.
Nos han dicho que somos millenials, que lo nuestro es viajar y joder si nos hemos puesto a ello, al precio que fuese, para demostrar que lo somos y que disfrutar del viaje es lo de menos con tal de que alguien, en Facebook o Instagram, nos diga que nuestras fotos son lo más.
Popular Posts
-
Tras tenernos bien aprendido todo lo que íbamos a necesitar para que nos dejasen entrar en un puñado de países , tuvimos que buscar po...
-
MIREIA EN NUEVA YORK Para Mireia, 2017 tenía que ser el año en que visitase Nueva York, así que tan pronto como tuvimos la oportunidad,...
-
Viviendo en Alemania y siendo espa ñoles las fronteras nos suenan a cosas del pasado, o de algún sitio muy lejano, gracias a la Unión Eur...
-
La noche que compramos los billetes de avión para Bangkok no éramos conscientes aún de todo lo que habíamos acumulado en nuestro apartament...
























